Cirugía Dermatológica

¿Qué es la cirugía dermatológica?

La cirugía dermatológica, o dermocirugía, abarca un amplio espectro de procedimientos quirúrgicos utilizados para tratar enfermedades de la piel y que consisten, básicamente, en la exéresis (extirpación) de las lesiones cutáneas y la posterior reparación de la piel mediante técnicas de cirugía reconstructiva. Estas técnicas, dependiendo del tamaño y la ubicación del defecto resultante tras la exéresis, suelen consistir o bien en el cierre directo del mismo, o bien en la realización de un injerto cutáneo o un colgajo.

Un injerto cutáneo se basa en la idea de «un parche de piel», donde una porción de piel sana de una zona donante del mismo paciente se extrae con el fin de cubrir el defecto en la zona receptora.

Un colgajo consiste en una porción de tejido vascularizado (por el denominado pedículo vascular) que se traspone de una zona corporal a otra zona anexa a la primera en un mismo paciente. Al ser un tejido que mantiene el riego sanguíneo y no depende del lecho vascular de la zona afectada para su viabilidad, puede utilizarse en la reconstrucción de defectos más complejos, permitiendo reconstruir la forma y la función de zonas con pérdida de piel, tejido adiposo, muscular y óseo. Los resultados ofrecen propiedades dérmicas similares al tejido original tanto en color y texturas como en fotoenvejecimiento.

¿Para quiénes está indicada la cirugía dermatológica?

En una consulta de cirugía dermatológica se sigue un esquema estructurado para identificar y diagnosticar lesiones que requieran intervención quirúrgica, priorizando siempre la precisión y la seguridad del paciente.

En primer lugar, se realiza una anamnesis e historia clínica minuciosa, recopilando datos relativos a: antecedentes de exposición solar, historia familiar de cáncer de piel, cambios recientes en las lesiones (siguiendo la regla ABCDE: asimetría, bordes, color, diámetro y evolución), síntomas como prurito o sangrado, y factores de riesgo (inmunosupresión o fototipo cutáneo).

A continuación, se procede con la exploración física general: un examen visual completo de la piel para mapear todas las lesiones —valorando tamaño, localización, textura y movilidad— y la identificación de lesiones sospechosas mediante la regla ABCDE o signos de malignidad.

Como prueba diagnóstica adicional, se realiza una dermatoscopia. Este es un estudio clave y no invasivo que permite evaluar las lesiones cutáneas con detalle antes de decidir una intervención quirúrgica, aproximándonos al diagnóstico inicial. Finalmente, si fuera preciso, se procedería al diagnóstico diferencial y a la toma de una biopsia.

¿Qué tipo de lesión cutánea es? ¿Cuál es su tratamiento?

A continuación, se relacionan: tipo de lesión -> tratamiento indicado.

Lesiones benignas de la piel (como lunares/nevus que molestan
o cambian de tamaño/coloración, quistes sebáceos que se
inflaman, y tumores de grasa/lipomas) -> tratamiento mediante
exéresis estética (sutura estética).

Tumores malignos de la piel (como carcinomas basocelulares y carcinomas epidermoides) -> tratamiento mediante extirpación completa del carcinoma con márgenes de seguridad + cirugía de reconstrucción inmediata tras la extirpación empleando técnicas de cierre directo, colgajos o injertos de piel.

Por qué elegir una Especialista en Cirugía Plástica para realizar un procedimiento de Cirugía Dermatológica

La Dra. Silvia Rojas, como cirujana plástica, realiza laexéresis de lesiones cutáneas malignas combinando seguridad oncológica con una cuidada técnica estética.

Tras la extirpación completa del tumor con los márgenes de seguridad necesarios, la doctora lleva a cabo una reconstrucción inmediata en la misma intervención, utilizando injertos de piel o colgajos locales faciales (de avance, rotación o transposición). Este enfoque evita segundas operaciones y preserva la armonía natural del rostro desde el primer día.

Gracias a estas técnicas de cirugía plástica reconstructiva, es posible extirpar lesiones de gran tamaño garantizando una exéresis completa con márgenes oncológicos libres —confirmados mediante estudio de anatomía patológica— y logrando, al mismo tiempo, un resultado estético armónico.

De esta forma, los pacientes logran eliminar por completo el cáncer de piel (basocelular o espinocelular) sin sacrificar su apariencia, recuperando un aspecto normal en la zona afectada en pocas semanas.

La doctora planifica las incisiones siguiendo las líneas de tensión cutánea y las arrugas naturales del rostro, lo que permite que las cicatrices queden camufladas en las líneas de expresión. El cierre de las heridas quirúrgicas se realiza mediante una sutura estética intradérmica con material reabsorbible; esta técnica deja cicatrices que resultan prácticamente invisibles a los 3-6 meses de la intervención, siendo mucho más discretas que las obtenidas en cirugía dermatológica convencional.

En áreas críticas como párpados, nariz, labios u orejas, la doctora emplea técnicas reconstructivas específicas que preservan la funcionalidad de estas regiones, previniendo así complicaciones y deformidades funcionales.

La cirugía dermatológica se realiza en el quirófano, bajo anestesia local, anestesia local + sedación y suele durar entre 15 y 50 minutos dependiendo del tipo de lesión. No se requiere de hospitalización, tan solo de cuidados ambulatorios, dándose de alta a la paciente inmediatamente después de la operación.

Las cicatrices son inevitables en toda intervención quirúrgica; aunque pueden ser más o menos visibles en función de su extensión, de la zona del cuerpo en la que se encuentren, de la calidad de la piel del paciente y de su capacidad de cicatrización.

Tomando las precauciones necesarias, normalmente es posible reanudar las actividades diarias y laborales inmediatamente tras la operación.

Aunque la mayoría de las pacientes no experimentan ninguna de las complicaciones que se comentan a continuación, es importante conocerlas para tomar la decisión de intervenirse de formainformada.

Los riesgos particulares que cabe mencionar respecto a la cirugía dermatológica son: una exéresis incompleta de la lesión o la identificación de una patología diferente tras el análisis de laboratorio de la pieza extirpada; pudiendo requerirse en ambos casos de tratamientos adicionales o de una cirugía más agresiva. La lesión de estructuras profundas, tales como nervios, vasos sanguíneos y músculos, que se encuentren cerca del tumor y que pueden ser dañadas durante el curso de la cirugía y con efecto temporal o permanente. La recurrencia de las lesiones y los tumores tras la escisión quirúrgica y que puede necesitar de algún tratamiento adicional o una cirugía secundaria.

A los anteriores hay que añadir los riesgos comunes a cualquier procedimiento quirúrgico asociados a la anestesia, a reacciones alérgicas, a una mala cicatrización, hemorragias, hematomas oinfecciones.